jueves, 13 de enero de 2011

Ultima parada






Hacía ya varias semanas que los nervios me atenazaban cada mañana, siempre a la misma hora. Era aquel instante en el que subía al autobús, pasaba mi tarjeta sin levantar la cabeza y tímidamente miraba al fondo... si, allí estaba otra vez, como cada mañana, mirando a la calle de pie, junto a la barra. Se sujetaba con una sola mano y se dejaba llevar suavemente por el traqueteo del viaje, como un junco mecido por el viento, regalándome aquel suave movimiento. Pero hoy debía ser distinto, hoy estaba decidido, era un día especialmente tranquilo, el bus estaba prácticamente vacío, al fondo la mujer que me quitaba el sueño, su pelo rojizo, su aire de niña mala, la comisura de sus labios que tantas mañanas había estudiado, el contorno de su cintura y yo, a dos escasos metros. Me veía acercándome lentamente mientras la miraba, con una leve sonrisa en los labios, mi brazo se alzaba sobre sus hombros para coger la barra del techo y su cabeza quedaba prácticamente a la altura de mis hombros, solo su bolso se interponía entre nosotros; agachando lentamente la cabeza susurraba en su oído: - Me vuelves loco. Una leve sonrisa fue lo único que obtuve, claro ella no debía esperar una reacción tan decidida por mi parte, ahora la sorprendida seria ella, recogió su bolso y tirando de la bandolera lo paso hacia delante, mientras un sudor frío recorría todo mi cuerpo. En un leve bache pude rozar su ropa, apenas fue un instante pero despertó en mi el deseo de tocarla, sentir aquel cuerpo que no me dejaba pensar, ni comer, ni dormir, me dejaba caer un poco a su costado y en ese momento eché de menos el gentío de otras mañanas que podía obligarme a acercarme mas, pero no me importo, sin motivo aparente deje que nuestros cuerpos se sintieran, pude alcanzar su aroma, sentí en mi interior un dulce y embriagador néctar que llenaba mis pulmones a la vez que mis manos se tensaban y mis músculos no eran capaces de relajar el momento. Y se movió. Su pelo descansaba en mi cara, su hombro sobre mi pecho y aunque no podía ver su cara, la intuía con los ojos cerrados y mordiendo muy levemente su labio inferior, aquello me dejaba claro que nuestro deseo era mutuo y no pude evitar que mis manos, totalmente independientes de mi, sin esperar una racional orden, se fueran directas a su cintura, quedé a la deriva en aquella travesía, solo su cuerpo me sujetaba y ella cogió con fuerza la barra con ambas manos. Ya totalmente decidido la abrazaba con toda la sensualidad de que era capaz, ella de costado dejaba que una de sus piernas quedara entre las mías y lentamente con los ojos cerrados exploré aquel cuerpo de diosa que se estremecía entre mis brazos. Una fina camiseta de raso me dejó sentir el resalte de su ropa interior, quería averiguar solo con el tacto de mis manos el color de su sujetador, era negro, indudablemente, sentía las copas con un ligero relleno entre mis manos, ni muy pequeñas, ni muy grandes, casi redondas, perfectas, sentía como despertaba su pasión lentamente en mis abrazos y su pelo una y otra vez me llenaba de aquel aroma que lo envolvía todo. Sentía sus caderas en las mías y cada vez que su pierna se elevaba y su roce aumentaba un fuego abrasador subía desde mi entrepierna, recorría mi pecho incendiario y estallaba en mi garganta, aumentando hasta lo imposible mi deseo por aquel cuerpo, no podía terminar aquel instante. De repente un frenazo repentino hizo que abriera de nuevo los ojos y con frío pánico pude ver el contorno del edificio de mi facultad. Era mi parada y ella seguía allí. A dos metros de mi, mientras la realidad volvía a sorprenderme y me aseguraba que hoy tampoco seria distinto. Bajé a la calle y le dediqué una mirada a través del cristal, mientras ella distraída con sus auriculares se alejaba y en mi pensamiento solo quedaba su silueta, bueno eso y como sería capaz de disimular y entrar a clase en aquel estado.

 

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