miércoles, 28 de julio de 2010

Ella y la luna




No parecía una persona normal, andaba por la calle como si se levantase unos centímetros del suelo y cuando saltaba de aquel viejo camión oxidado notabas en el aire un rumor a envidia. Ni la brisa, ni el viento, ni siquiera el enorme sol podían dejar de mirarla y se esmeraban en rodearla y jugar con su pelo, intentaban atraer su atención, uno brillando mas, se hinchaba y sacaba pecho, el viento soplando y haciendo cabriolas a su lado y la pobre brisa que solo susurraba cuan desgraciada era. 
Pero ella ni los veía. Solo quería días grises. 
De vez en cuando su risa apagaba el mundo, las voces dejaban de sonar, el mar paraba sus olas y quieto esperaba, acercaba brazos de espuma a la orilla y regalaba en la arena sus mejores galas, corales de vivos colores y cristales robados al fondo, de barcos antiguos traía tesoros olvidados y se los ofrecía. 
Pero ella no venia. No, el mar tampoco la tenia. 
Dicen que un día un hombre por fin pudo alcanzarla, pudo con miel llenar sus labios, probar el dulce sabor de sus besos y ver como su cara resplandecía, una sonrisa plena y ella entregó el calor de su cuerpo desnudo en la noche de una playa solitaria. 
Dicen que aquel día, la luna se puso roja de envidia.


Eroti...que?





Era Mayo, un día gris y frío, y sin embargo un sofocante calor ascendía por mis piernas, se metía en mi estómago y estallaba y secaba mi garganta, sin poder respirar, las palabras salían de mi boca sin pensarlas mientras ella me miraba con media sonrisa, esperando una respuesta. Los dos sabíamos lo que iba a suceder, pero no era la primera vez que lo intentábamos, sabia que si seguía hablando no podría parar y todo volvería a empezar, así que; -habrá que ponerse, pensé, y entonces me lancé.
Rodeé su cuello con mi mano, justo en la nuca, donde nace el pelo, y la acerqué suavemente hacia mi mientras podía ver como sus ojos se cerraban y sus labios cada vez mas cerca, brillando con un dulce tono rosa, se unían a los míos. Nuestras lenguas jugaron un rato, mientras, solo podía pensar en el dulce sabor de aquel momento, el vello se erizo en todo mi cuerpo y mi mano busco su hombro, perfectamente redondo, para ir bajando lentamente por el brazo, las puntas de mis dedos rozaban su piel suave, como de melocotón, y buscaron ávidas el principio de unos senos que intuía perfectos, parecían perderse como los tesoros que siempre busqué, y pude recrearme, tantearlos lentamente, solo las puntas de mis dedos en sus pezones, o acogerlos en mi mano con dulzura. Mientras, mi boca bajó hasta su cuello y un aroma de mujer llenó mis pulmones mientras soñaba despierto con el paraíso mas deseado para cualquier mortal.
Un ángel entre mis brazos..., rodeaba su cintura y buscaba sus muslos, las nalgas, y hasta las rodillas, mi boca bajaba y subía entre sus pechos y el cuello y podía notar como su respiración se aceleraba mientras susurraba; -no, noo, estate quieto, pero sus ojos cerrados me decían otra cosa, mis manos dentro de su pantalón, evitaban el encaje de la ropa íntima y buscaban el calor de unos labios ardientes, enseguida la humedad de su sexo abrió el camino a mis dedos y pudieron recorrer el interior de su vulva, suavemente, arriba y abajo, mientras me dejaba caer, lentamente sobre ella.
Al recostarse quedó aún mas expuesta, abrió los ojos y sonrió, pude besarla, morder suavemente su labio inferior, mientras me sonreía, pícara, sabiéndose deseada, hermosa, y muy mujer, con una mano enredada en su pelo y otra entre sus piernas pensé que aquel podía ser un gran día, y volví a perder mi boca entre sus pechos, lamerlos, mordisquear suave, o un poco mas fuerte, y mis dedos jugueteando con su clítoris, pequeño, escondido, parecía no querer ofrecerse, y un nuevo; - nooo, estate quieto, nooo, pero mas suave, demasiado suave para ser cierto; incorporándome un poco pude bajar el pantalón y descubrir un hermoso paisaje ante mis ojos, el vientre como una desierta playa de fina arena dorada, aquellos muslos formados por las manos de algún artista divino, las piernas, eternas y hasta sus pies, finamente labrados, con las dos manos en su cintura la acerqué a mí y pude sentir el cálido terciopelo de aquel cuerpo hermoso, que susurraba y sonreía, mientras el universo se paraba a nuestros pies.
Decidí explorar aquel nuevo mundo, y deslicé lentamente mi lengua, primero sus pechos, luego el vientre, el pequeño ombligo vino a mi encuentro, y aquellas caderas firmes pero delicadas, la boca se me secaba, parecía no poder soportar el ardiente tacto de su piel y tuve que aliviar mi sed en la fuente de sus adentros. Delicado, como se abre una flor en un prado, su vulva quedó en mis labios mientras mi lengua se llenaba de licores nunca probados, mis manos buscaban su pecho, y encontraron su boca, abierta, pidiendo, ahora creo que si, que siguiera, que secara aquella fuente de mieles y néctar, y mientras lo saboreaba ya no podía soportar la presión de mis pantalones y me decidí a entrar; entonces me sorprendió, se incorporó de un salto mientras me dejaba abajo y se colocó sobre mí en cuclillas. Agilmente acerco su sexo y el mio, como pueden buscarse el agua y la tierra seca, y dejó que su peso hiciera el resto, descendió lentamente sobre mí, fundiendonos en uno, y pude ver su torso desnudo que se estremecía mientras volvía a subir, primero muy despacio, fue repitiendo estos movimientos, la cabeza a un lado y a otro, y un débil gemido empezó a llenar la habitación. El calor subía por momentos, los cristales se empañaron, un poco mas rápido, movía su cuerpo arriba y abajo, y mas rápido, y a la vez aumentaban los gemidos que llenaban mis oídos; - sii, ahora si, sigueeeee..., no se cuanto pudo durar aquel momento, más y más fuerte, mis manos rodeando su pecho, su cintura, mi boca saboreando sus pezones redondos que me invitaban a perderme en aquellas nubes de azúcar, más y más rápido.
El placer era ya incontenible, saltaron todos los cierres, quitamos todos los peros y fuimos libres, durante un instante el mundo dejó de girar, en medio de la habitación pude ver el mas hermoso amanecer mientras el éxtasis estallaba en su interior, y un gemido largo, cansado, pero muy deseado, nos trajo de nuevo a la tierra, nos miramos y nuestros cuerpos sudorosos se abrazaron, buscándose, sin pensarlo.
Mientras, acariciaba su espalda húmeda, su nuca, sus brazos, apoyé mi cabeza en su hombro, justo antes de que un hondo suspiro decidiera abandonarme para siempre.


Adiós




               Languidece, cuerpo, languidece,
               como un amante olvidado en el camino del tiempo,
               que perdió su esperanza, su amor, su cuna,
               como cuelgan los brazos del inerte cuerpo,
               la noche nublada, buscando su luna,
              ¿como suenan los búhos al llegar la aurora?

              Languidece, cuerpo, languidece,
              en mitad del mundo, la muchedumbre y tú,
              tristemente solo, ahogado en tu ser,
              enterrado en vida, condenado a no ver,
              ¿cual sera tu pena?
              no haber tenido o perder.


No se Puede





Se puede caminar sin querer ir, ni llegar, solo estar,
se puede saber lo que nunca se dirá,
o esperar no saber nunca, algo claro como el mar,
se puede mentir para saber la verdad,
se puede sentir como alma y cuerpo se separan,
esperar una vida o vivirla en un instante,
y creer en las promesas que ya nunca llegarán,
se puede ser o estar, o incluso parecer,
Se puede darlo todo, y no dar tanto, y no poder recibir mas.
Se pueden tantas cosas cuando el amor te llena.

Se puede encontrar lo que sabes perdido,
y no hacer nada, con la fuerza de tu ser,
se puede soñar con otros ojos, y no ver,
sentir una mirada, oler una sonrisa, tocar una tristeza,
pensar con una pierna y tropezar con la cabeza,
y vivir con este aliento que te queda en la garganta,
contener un sentimiento que te llena y te derrama,
se puede no pensar, solo sentir,
y aún así, se puede,
Se pueden tantas cosas cuando el amor te llama.

Se pueden ver las espinas que atraviesan mi alma,
oír el suave adiós de un amor, que se va por la ventana,
sentir las cadenas de un secreto que se agranda,
y ver el caer de mis anhelos y mis sueños por los suelos,
se puede ser el ángel que duerme a tus pies,
esperando el día que lo veas como es,
te doy mis alas, mi cuerpo, mi alma, mi corazón en una caja,
ábrela, tuyo es si lo quieres, y si no, ya jamás lo usaré,
y aún así, se puede,
se puede amar, y luego ¿que?


Dos





Que cruel el viento con la brisa,
la doblega y sobrepasa, la diluye en sus adentros,
la persigue y no la esquiva,
que crueles esos ojos que me miran,
no me dicen que me aman,
ni me miran si les hablas.

Que cruel el rio cuando salta,
sin temores sobre el mar,
y le roba sus secretos y revuelve sus entrañas,
que crueles esos labios, que desean,
no me hablan cuando besan,
no me besan cuando hablan.

Que cruel la hermosa mariposa,
que renace esplendorosa,
sin angustia y sin memoria,
que cruel el amor que por las noches nos empapa,
cuando nace en nuestra noria,
y como un nudo, cruza raudo mi garganta,
no poder ser el uno, sin el otro, que cruel.


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